Educar en Derechos Humanos

Para Paulo Freire, la educación es una herramienta que permite la liberación del pueblo y la transformación de la sociedad, esa transformación implica romper paradigmas, estereotipos y prejuicios que han mermado un desarrollo y una plena conciencia de la sociedad.

Los Derechos Humanos hoy requieren de ese proceso que Freire hizo referencia, yendo más allá de un aprendizaje memorístico de cuántos derechos son, los documentos o instrumentos internacionales en donde están plasmados, la reforma que eleva a rango constitucional los Derechos Humanos, las generaciones y sus características etc.. El gran reto es la educación de todos los derechos inherentes al ser humano que permiten su desarrollo integral y denotan su dignidad en cualquier espacio donde se desenvuelva e interactúe.

Por lo tanto, una educación en Derechos Humanos implica la interiorización y la puesta en práctica de cada derecho, promoviendo que al respetar y hacer valer nuestros derechos estamos viviendo en congruencia y en plena armonía no sólo con el entorno más cercano: la familia, el trabajo, la comunidad, sino con el entorno al cual pertenecemos como un todo; la naturaleza, el cosmos y el Universo.

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la educación en Derechos Humanos parte de los valores más sublimes para cualquier ser humano: la paz, la no discriminación, la igualdad, la justicia, la no violencia, la tolerancia y el respeto de la dignidad humana.

El Renacimiento Mexicano es desde esa educación en Derechos Humanos, partiendo primero de reconocer nuestra dignidad humana, pero surge una gran interrogante: ¿qué es la dignidad?

De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española la dignidad es la cualidad de digno y digno es definido como: “merecedor de”.

El ser humano parte de su dignidad, de su capacidad de mirarse como merecedor de la paz, merecedor de la igualdad, merecedor de la justicia, merecedor de la no discriminación, merecedor de una vida libre de violencia, merecedor de vivir una vida en plena armonía y conciencia.

El gran reto es que cada persona logre articular esa dignidad en su ser, pensar y actuar, lo cual no corresponde sólo a una institución educativa, al gobierno, organismos internacionales; corresponde a la sociedad en sí, a cada familia y entorno de convivencia.

Renacer en los Derechos Humanos es posible considerando que cada uno tiene una responsabilidad en las decisiones que tomamos todos los días, en la actitud que tenemos con nuestros compañeros y compañeras de trabajo, en la calidad de tiempo que brindamos a nuestros seres queridos, en la calidad de nuestras palabras y acciones.

Vista de la cúspide de la Maliche, julio 2016

Vista de la cúspide de la Maliche, julio 2016

Por: Itzel Eugenia Morales Ortiz
INTEGRANTE DEL RENACIMIENTO MEXICANO

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